Cuando River y Boca definieron un título

Tarantini, Suñé y Felman dan la vuelta olímpica junto al "Toto" Lorenzo tras ganar el superclásico

Más de 15 mil días pasaron desde el último, y único, antecedente de un superclásico en una final. En esa ocasión, el Xeneize se impuso 1-0 con un gol que sólo pudieron ver los presentes en el estadio.

Tarantini, Suñé y Felman dan la vuelta olímpica junto al "Toto" Lorenzo tras ganar el superclásico
Tarantini, Suñé y Felman dan la vuelta olímpica junto al “Toto” Lorenzo.

Eran tiempos muy distintos, difíciles para el país. Todavía faltaban meses para que las Madres de Plaza de Mayo iniciaran sus rondas o para que Rodolfo Walsh enviara la Carta Abierta a la Junta Militar. Sin embargo, ya se vislumbraban los primeros estragos del gobierno de facto: sólo en la semana del partido los diarios dieron cuenta de al menos nueve sediciosos abatidos.

En este contexto, Boca y River se enfrentaron en la final del Nacional de 1976. Fue el miércoles 22 de diciembre y el partido se disputó en el Cilindro de Avellaneda, ante algo más de 70.000 hinchas. Y es que nadie quería perderse el primer encuentro definitorio entre los dos clubes más populares de Argentina.

La previa

Los dos equipos llegaron a la final de manera similar: ambos se habían impuesto en sus respectivas zonas y había ganado cuartos y semis por la mínima diferencia. En cuanto al juego, ninguno de los dos se destacaba por tener un fútbol vistoso y lirico.

El River bicampeón de 1975, que había cortado una racha de 18 años sin festejos, ya no contaba con “El Beto” Alonso, figura en la temporada anterior. Sin embargo, dirigido por Ángel Labruna, el millonario se había acostumbrado a ganar de la mano del defensor más goleador de la historia del fútbol argentino: Daniel Passarella. Él fue quien le dio el pase al gran partido al anotar el único gol ante Talleres de Córdoba en la semifinal.

“River gana por eso de andar mucho en finales”, tituló el Grafico del 21 diciembre en la nota del partido. También aseguró que los de Nuñez se tiraron atrás a esperar y a “golpear con faltas no violentas.”

Boca, por su lado, empezaba a recuperarse de los años anteriores gracias a Juan Carlos Lorenzo, el técnico que lograría las primeras dos Copas Libertadores con el Xeneixe (´77 y ´78). También habían llegado jugadores que se convertirían en ídolos: Hugo Orlando Gatti, Francisco Sá, Carlos Veglio y Ernesto Mastrángelo.

Éste último fue quien convirtió el 1-0 frente a Huracán en la semifinal. Según los reportes de la época, los de Parque Patricios jugaron como si fuera un partido más del torneo, como si no hubiesen entendido que se trataba de un partido definitorio. El Xeneize supo aprovecharse de la situación aunque también aclaraban que “la solidez de Boca descansó, como sucedió a lo largo de todo el año, en la enorme calidad de su arquero-libero Hugo Orlando Gatti.

Suñé, e pega mientras Fillol arma la barrera. Marca el único gol del superclásico
Suñé, que no era el encargado, le pega mientras se arma la barrera. (Foto: El Gráfico)

El día del partido

“Histórica final. River-Boca” ponía en su tapa Clarín el miércoles 22 de diciembre y prometía entrevistas con los dos técnicos, realizadas el día anterior. Otros dos títulos completaban la portada: “Dispondrán la reducción del gasto público” y “Massera reclamó gremios eficientes y representativos”.

A pesar de la diferencia en el trato con la prensa, ahora no es normal que un entrenador visite la redacción de un diario el día anterior al partido como lo hizo Labruna, sus declaraciones fueron similares a las que podrían hacer Marcelo Gallardo o Guillermo Barros Schelotto.

El “Toto” Lorenzo aseguraba: “Festejaremos un nuevo título”, y además aclaraba que a pesar de lo que decía Labruna, River no saldría a atacar desde el principio. El técnico riverplatense, por su lado, remarcaba que estaban en “el mejor nivel”, aunque también concedía que el juego de su equipo era distinto al del bicampeón del ’75.

Asimismo, otro de los cambios más sobresalientes de estos 41 años que pasaron desde la última final es la televisación. Mientras que el partido del próximo miércoles se podrá ver por los canales Premium, en la final del ’76 no se sabía si sería televisado hasta el mismo día del partido. Un diario de la época avisaba que aún quedaban 40 entradas populares y que se iba a transmitir por televisión sólo si se agotaban todas las localidades. Y se vendieron.

Se cree que había 90 mil personas en la cancha de Racing Club, aunque se habían puesto en venta 70 mil entradas. Sin embargo, en ese momento nadie pensaba que ese sería la única vez que un Superclásico definiría un título en los 87 años del profesionalismo. Tampoco imaginaban que sólo los presentes en el estadio serían los únicos en ver el gol que consagró campeón al Boca de “El Toto” Lorenzo.

Eran cerca de las 21 cuando el árbitro del partido, Arturo Ithurralde, llamó a los dos capitanes -Roberto Perfumo por River y Rubén Suñé por Boca- a su vestuario para realizar el sorteo. Según cuenta en una entrevista a El Gráfico en 2012, eso fue “para que los futbolistas ingresaran sólo pensando en el partido.”

“Luego del sorteo –continúa Ithurralde- les deseo suerte y el Mariscal (Perfumo), desde la puerta, me dice: ‘Suerte que dirige usted, porque deja jugar y eso es mejor para nosotros, que queremos ejecutar rápido las infracciones’. Le pregunté a Suñé y me respondió que no tenían problemas. Lo insólito fue que Boca, y por medio de su propio capitán, iba a terminar ganando el partido por esa jugada que pidieron sus rivales”.

Y así fue. Iban 27 minutos del segundo tiempo y el partido seguía 0 a 0 cuando el árbitro cobró una falta de Pasarella sobre Taverna cerca del area. Suñé agarró la pelota mientras “El Pato” Fillol armaba la barrera, le dijo a Ithurralde que iba a patear. Y pateó. La pelota se metió en el ángulo ante la mirada atónita de sus rivales y sus compañeros.

El gol no sólo tomo por sorpresa a Fillol, sino a todos los presentes en el estadio. “El gol fantasma” no fue registrado por las cámaras de televisión, aunque hay algunas imagenes tomada por los reporteros gráficos, sobre todo del momento previo y del festejo del tanto.

Fillol mira el gol de Suñé en el superclásico
La pelota ya entró. Fillol sólo atina a mirar. (Foto: El Gráfico)

Las crónicas del día siguiente remarcaron que Boca era un justo ganador, aunque también lo hubiera sido River. En el primer tiempo, los millonarios dominaron el trámite del partido gracias a un “Moztaza” Merlo que se hizo patrón de la mitad de cancha, y a los arranques de Passarella o los remates sorpresivos del Negro J.J. López.

Que el partido siguiera 0-0 sólo se explicaba en la “estupenda actualidad de Gatti”, según cuenta el análisis del partido de Horacio Pagani en el Clarín del 23 de diciembre. Ya en el segundo tiempo, el ingreso de Mario Zanabria por Dario Felman (lesionado), le dio más control de la pelota a Boca, “aunque no abundaron las llegadas”.

“Un solo error bastaba y Suñé no lo dejó pasar” fue el título del análisis de Pagani. En la nota, también remarcó que a pesar de haber fricciones e interrupciones al por mayor, el partido se hizo extendido y con bastante ritmo.

Después del gol, que ningún jugador de River protestó porque ya estaban avisados, el juego se limitó a intentos estériles de River por superar la sólida defensa encabezada por Mouzo y Gatti. El partido terminó y comenzó la fiesta xeneize.

Tuvieron que pasar más de cuatro décadas desde ese encuentro para que el superclásico vuelva a definir un título. Ya se han enfrentado en fase de eliminación directa en Copa Libertadores (dos veces en Cuartos y una semifinal) y una en Copa Sudamericana (semifinal).

Y es que, como dijo Angel Labruna en la previa “un River-Boca siempre da para todo. No por algo es el clásico de clásicos. Un partido importantísimo y con cualquier cantidad de ingredientes.”

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